El tiempo, los sonidos y el silencio

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Pedro de la Garza, ícono duranguense, habla sobre los eventos de su vida que se entrelazaron hasta llegar a la presentación de su disco “Rolas de colección”, lanzado en el 2012.

Para 1986, el rock ya era una certeza en su vida. El ritmo era potencia, alimento. Entonces, las letras empezaron a llegar. Se formaron a través de momentos, imágenes, recuerdos, de todo lo que sirviera para transmitir la manera en que veía el mundo a través de sus ojos. Se tejieron igual que su vida: entre viajes, mudanzas y decisiones contundentes. Sin lugar para la duda o el miedo. Veintiséis años después, las letras se abrazaron, por fin, al estudio de grabación.

Se dice que “nadie es profeta en su tierra”, pero las generaciones de admiradores que siguen a Pedro de la Garza rompen está afirmación, y él les corresponde, al construir el legado que los amantes del rock ya conocen.

El camino desde Armstrong

El jazz bajó las escaleras. La música de Louis Armstrong recorría la casa hasta mezclarse en el cuerpo e instalarse en los sentidos de Pedro a sus nueve años. Ese fue el día en que decidió que quería estudiar violín. Así empezó su formación, “aprendí solfeo y a hacer partituras”, cuenta, y durante cinco años, fue solista de trompeta en la orquesta sinfónica del Instituto Francés de La Laguna.

Años después, la arquitectura fue la carrera que eligió estudiar, “Creía que era la carrera más artística, pero veía que mis compañeros se emocionaban cuando nos encargaban un trabajo, y yo los hacía porque tenía que hacerlos.” Estudió tres años, que le sirvieron para comprender a fondo que su vocación era otra, y la había descubierto en su infancia.

El rock fluía por Estados Unidos cuando Pedro de la Garza llegó para habitarlo. “Ahí me llené de rock. Un compañero de internado me enseñó los primeros toques de la guitarra, con una canción de Bob Dylan, ‘Like a Rolling Stone’, que todavía toco con gusto”, menciona. Era 1965. El duranguense lo recuerda claramente por una simple razón: ese año empezó a hacer música solo, sin la necesidad de estar acompañado por una orquesta. “Ya de ahí, nunca ha pasado por mi mente dejar de rockear”, afirma con una sonrisa.

Iguanas y Mezquites

De Durango al Distrito Federal. Regresar al origen. De Durango a Tijuana. De vuelta al DF y así por años, en viajes que supo aprovechar como pocos. Su camino por varias bandas nacionales está repleto de nombres altamente representativos, que se transformaron y adaptaron al integrar nuevos sonidos e integrantes. Algunas fueron “Los Sleepers”, convertidos en “Iguana”, “Mezquite” que nació al vivir con su hermano en un rancho del estado, en un período “hippie” en el que incluso sembraban su propia comida, y no tenían luz eléctrica, y “Grupo Sur”, que marcó una etapa especial en su vida: “Trabajaba como administrador del Teatro Victoria cuando llegó el Grupo Sur, los conocí y me cayeron bien, tocaban en contra de la dictadura militar, había un argentino y un chileno, sus letras eran de compromiso, de nueva trova, de acción latinoamericana. Me integré al grupo, y recorrimos muchos países, en la Unión Soviética nos querían un ‘chorro’. “

Los finales no son definitivos, abren la puerta a nuevas experiencias, y así, al terminar el período con el “Grupo Sur”, empezó a componer las canciones que consolidarían su imagen como ícono.

“Rolas de Colección”

“Todas mis canciones son del milenio pasado”, afirma. La primera que compuso fue “Buscando al cometa Halley”, en 1986, en la que relata el instante preciso en que la inspiración llegó hasta él. Bajo la idea de que “la música está hecha para transmitir”, más allá de demostrar habilidades o rapidez, continuó con una decena de canciones llenas de significado. Pedro de la Garza recordará el 2012 como otro momento importante: el año en que finalmente, sus canciones se reunieron en un disco llamado “Rolas de colección.”

De los catorce temas que el álbum contiene, el duranguense destaca dos, “Oiga” y “Dejarte de querer”, “cuando las escuches te van a gustar, son canciones de amor”, comenta con la seguridad en los labios. “Rolas de colección” rompe los límites generacionales al dirigirse no sólo al público que lo conoce desde sus inicios, sino a admiradores más jóvenes, que empiezan a enamorarse del rock de la manera en que él lo hizo hace 47 años. El disco guarda los reflejos de aproximadamente veinticinco años de su vida y su carrera, y permanece fiel a la definición de música que Pedro de la Garza maneja como lema: “La música es el arte de bien combinar los sonidos y los silencios con el tiempo”.

Es exactamente a través del tiempo, de los años, que sus canciones han sobrevivido en las voces de los duranguenses, hasta formar el material que vuelve palpable el talento educado y el éxito levantado con tenacidad, esfuerzo y fidelidad a sí mismo. Sobreviven también, mediante el rock, sus recuerdos, sus viajes y quiénes lo acompañaron en ellos. La música se convirtió en su máquina del tiempo, en un trayecto más que una vocación.  La historia de Pedro de la Garza no para de escribirse.

Publicado en la revista Click! de El Siglo de Durango.

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Acerca de sncalderon

Érase una vez una princesa que quería ser escritora.
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