¿Usted cree que yo pueda quizá llegar a ser un novelista?: Garabatos sobre el origen de Rayuela

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No hay nada totalmente cierto. Nadie que pueda asegurar, con la mano en el corazón, lo que sucedía detrás de la mirada de Julio Cortázar. ¿Quién puede descifrar el universo de un cronopio, a fin de cuentas?

Esto se sabe: Bruselas, 1914. Lugar y año del nacimiento accidental. París, 1984. La muerte.

Esto se sabe: lo suyo era el juego. Sus amigos, su Aurora, su Maga, estaban de acuerdo en que para él, la literatura y la vida eran un juego de esos que se conocen sólo en la infancia y la locura. El juego era ordenar las palabras y la vida, recorrer París de una manera mágica, una que no aparece en los mapas, era dejarse llevar por las casualidades y ordenar las palabras y los días bajo el instinto, bajo la libertad y la fantasía.

Lo suyo era el juego. ¿Y qué es el juego sino otra manera de vivir, justo como la ficción? Pero mágica. Y a través de sus obras, juega Cortázar y jugamos nosotros.

Así, jugando, escribió “Historias de cronopios y de famas”, considerado “el más travieso de sus libros”; escribió “Los Premios”, “Bestiario”, “Final del juego”, y pequeñas obras maestras que han escapado de las páginas que las contienen, como “Instrucciones para llorar”, “Continuidad de los parques”, “Geografías”, “Aplastamiento de las gotas”, y la imposible mudanza: “Axolotl”.

“Jugando […] la obra de Cortázar abrió puertas inéditas”, escribe Mario Vargas Llosa, “llegó a mostrar unos fondos desconocidos de la condición humana y a rozar lo trascendente, algo que seguramente nunca se propuso. No es casual, o más bien, sí lo es, pero en ese sentido de orden de lo casual que él describió en 62/Modelo para armar, que la más ambiciosa de sus novelas llevara como título Rayuela”.

“¿Usted cree que yo pueda quizá llegar a ser un novelista?”

“La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, […] lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar”.

“¿Usted cree que yo pueda quizá llegar a ser un novelista?”, escribió Cortázar a Jean Barnabé el 27 de junio de 1959. Tenía ya aproximadamente un año trabajando en una novela que era “una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos”. Eso, las cartas, fueron también otro juego en donde Cortázar compartía fragmentos de sí mismo, y hablaba de sus preocupaciones, de sus intenciones literarias, de esa negación constante a ser calificado como clásico, pues él era “siempre el mismo desconcertado cronopio que anda mirando las babas del diablo en el aire, y que recién a los veinte mil kilómetros descubre que no ha soltado el freno de mano”.

Y el proceso de escribir “Rayuela” no escapó al juego de las cartas. Muchos fragmentos de las conversaciones epistolares que sostuvo Cortázar durante ese tiempo, aproximadamente cuatro años, aparecen en la edición conmemorativa de la novela que lanzó la editorial Alfaguara. Uno de los nombres constantes es el de Francisco Porrúa.

“Qué sé yo lo que va a salir”, le confiesa Cortázar a Porrúa un día. ¿Y por qué hablar de Porrúa? Porque fue el editor que creyó en un libro que no encajaba en el catálogo de las publicaciones anteriores de la editorial: editor y escritor lo sabían, Julio escribió, en 1961: “no me la imagino a la Sudamericana publicando “eso”. Se van a decepcionar horriblemente, este Cortázar que-iba-tan-bien…” Pero Porrúa creyó.

El 28 de junio de 1963 “Rayuela” fue publicada. Y el juego, ese juego entre el Cielo y la Tierra comenzó.

Rayuela se convirtió, casi al instante, en una novela en la que no sólo era posible encontrar a todo el mundo, sino en un emblema del amor, de la ausencia, del existencialismo, del destino, de las casualidades, de la poesía, de “la búsqueda de lo ‘otro’”. Julio Cortázar recordaba que muchas cartas empezaron a llegarle, en su mayoría escritas por jóvenes lectores que reaccionaban con amor o con odio a las páginas en donde paseaban Oliveira, la Maga y el Club de la Serpiente.

“Las cartas de los jóvenes son siempre actos de fe, arranques de entusiasmo o de cólera o de angustia”, pues bien, este es mi propio acto de fe y mi propio arranque de entusiasmo ante la obra de Cortázar, que ha permanecido intacto desde la primera vez que tuve Rayuela en mis manos; más aún, desde la primera vez que leí “hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl…”

Y ahora, 50 años después, descubrimos que el libro, como la vida de Cortázar, se volvió infinito. Y es que con Rayuela todos estamos permanentemente “en la casilla tres, y a cada rato tiramos la piedrita afuera”.

Ya sea que nuestra Rayuela termine en el capítulo 56, o en el 131 después de empezar en el 73, siempre estamos más cerca de la tierra que del cielo, hasta que sí, lo alcanzamos, y entonces, volvemos a empezar.

“¿Usted cree que yo pueda quizá llegar a ser un novelista?”, Usted, Cortázar, se convirtió en novelista así, jugando siempre su juego favorito. Y remontó la piedrita hasta el cielo, hasta entrar en el cielo.

Texto presentado durante el Festival Internacional Revueltas 450, en la charla “50 años de Rayuela y algo sobre Cortázar”, el 11 de octubre de 2013.
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Acerca de sncalderon

Érase una vez una princesa que quería ser escritora.
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Una respuesta a ¿Usted cree que yo pueda quizá llegar a ser un novelista?: Garabatos sobre el origen de Rayuela

  1. David. dijo:

    You are sooo fuckin talented and I love u so fuckin much!

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