El “enfant terrible” envuelto en furia.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“Uso cosas que la gente prefiere mantener escondidas en algún lugar de su mente: guerra, religión, sexo. Cosas que todos pensamos pero jamás traemos a la luz, mas yo lo hago y les obligo a mirarlas.”

 Alexander McQueen.

Enero de 1997. En París, un joven diseñador presentaba su primera colección de alta costura, que era también su primer desfile para Givenchy. Había llegado para sustituir a John Galliano, quién abandonó la casa tras dos años de éxito, de buenas críticas y de altas ventas.

Inspirado por la mitología griega, no hubo en la pasarela más colores que blanco y dorado. La bienvenida estaba a cargo de un modelo que, desde lo alto de una columna, observaba el espectáculo mientras lucía unas alas gigantes.

La colección se llamó “Ícaro”; el diseñador, Alexander McQueen.

Poco importó que la prensa criticara duramente el trabajo de McQueen y de su equipo, que lo llamaran burdo, vulgar.  Ese desfile no era más que el inicio de una serie de colecciones que mezclaban perfección técnica, con fragmentos de delirios que maravillaban y atemorizaban por igual.

Mucho antes de formar parte de una de las generaciones más talentosas del St. Martins College of Art & Design, al lado de Stella McCartney y Galliano, descubrió su vocación al diseñar ropa para sus hermanas. Era hijo de un taxista, y siempre se sintió orgulloso de sus orígenes. Pero cuarenta años después de nacer en Londres, se ahorcó en su hogar, y sus pasarelas quedaron irremediablemente vacías de su decadencia y de su divinidad.

Misterio. Teatral. Incorrecto. Genio. Onírico. Miseria. Arriesgado.

Furia.

Pasión.

El mundo de la moda es, para muchas personas, superficial y frívolo. Alexander McQueen,  siempre la excepción a la regla, ayudó a demostrar con sus creaciones, que más que ropa y accesorios, la moda no es más que otra rama del arte, que no sólo ayuda a expresarse a quién la crea, sino a quién elige usarla. Cada una de sus prendas guardaba un fondo teatral, político o social, y contraponía la belleza con el terror en atuendos que se construían mediante juegos en los que el origami, la tecnología o las plumas marcaban las reglas.

Se decía que para entrar en su cabeza bastaba mirar sus colecciones. Su inspiración nacía en el fondo del mar, en el lado oscuro de la luna y en los cuentos de Grimm o de Allan Poe. De esta manera, McQueen contaba historias a través de sus desfiles, como aquella en la que una princesa que vive en un árbol viste únicamente ropas negras, hasta el día en que conoce a su príncipe. Entonces, desciende del árbol y su vestuario estalla en color.

Sus modelos eran personajes. Las transformaba en bailarinas que recorrían un salón arrastrando los pies, los vestidos y el alma, al borde del desmayo, sin fuerzas. En hologramas milagrosos de mujeres legendarias. Un día eran reinas envueltas en luto real, que es blanco, y al otro, criaturas encerradas en cajas llenas de mariposas. Podían ser brujas, serpientes, hadas, y desfilaban bajo las representaciones de los diversos fragmentos de su mundo, compuesto de  tormentas, fuego y pétalos de flores. En cada pasarela, devolvía a los espectadores la capacidad de asombro que se pierde con la edad. La indiferencia no existía al mencionar su nombre.

Pesadillas. Miedos. Tesoros. Neurosis. Combate. Belleza. Tragedias.

De Ícaro a Platón, Alexander McQueen vivió encerrado en la casa de monstruos que era su imaginación, sin miedo a la rebeldía y alejado de lo mundano. Nadie imaginó que al morir, se le compararía con la leyenda griega de su primer desfile. A Ícaro también se le advirtió que no volara demasiado alto.

Anuncios

Acerca de sncalderon

Érase una vez una princesa que quería ser escritora.
Esta entrada fue publicada en Fashion is not something that exists in dresses only. y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a El “enfant terrible” envuelto en furia.

  1. MaRtUChiS dijo:

    Había escuchado mucho hablar de él y si era un genio de la moda, me encantó el post porque lo describiste tal cual era.

    Siempre me pareció muy creativo su trabajo y lleno de originalidad, además aunque sus diseños no encajaran precisamente con el gusto de una persona, era un trabajo artístico y eso era digno de reconocerse….

    Leyendo tu post me quedo pensando en: Cómo sería haber estado en un desfile de modas de alguna de sus colecciones?, me imagino que tenía la capacidad de convertir la pasarela en una especie de foro por el que los modelos se convertían en personajes de ficción.

    Me quedo con la parte donde pusiste: De Ícaro a Platón, Alexander McQueen vivió encerrado en la casa de monstruos que era su imaginación, sin miedo a la rebeldía y alejado de lo mundano… Creo que muchos de los que escribimos o creamos algo, vivimos inmersos en ese mundo.

    Muy padre este blog.

    • sncalderon dijo:

      No puedo ni imaginarmeee cómo era estar en una de sus pasarelas, después pondré uno que otro video sobre eso porque es la manera más cercana que estaremos ya por siempre, tristemente

  2. BrenMtk dijo:

    Sac, amé este post muy muy bueno! debo decir que me encanta saber que estoy tan cerca de tus letras con esta tareita que hace explotar nuestra creatividad 🙂

  3. Rocío E. dijo:

    Qué impresión!!!!!! Como siempre digo, un texto es bueno cuando te deja con ganas de saber más, de ver más, de levantarte y hacer algo. Y este sin duda es así: Sin duda uno de los mejores que he leído. Me deja con la sensación de que, a pesar de todo, valió la pena que se arriesgara a volar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s